El absentismo laboral en España marcó récord histórico: 7,68% de las horas pactadas, más de 59.000 millones de euros de coste (Adecco).
La reacción habitual de una empresa ante esa cifra es buscar el problema en la gestión: procesos, motivación, clima laboral. Y ahí falla el diagnóstico.
Las mujeres tienen tasas de ausencia por salud 1,43 veces superiores a las de los hombres (INE). Y en el colectivo de 45+ hay un motivo fisiológico muy concreto que casi nunca entra en la conversación: la perimenopausia.
No es una etapa puntual con un síntoma claro y diagnosticable. Es una transición hormonal de años que afecta al sueño, a la energía, a la capacidad de concentración y a la regulación del estrés — todo lo que sostiene el rendimiento diario en cualquier puesto.
Una mujer que llega tarde más veces, que pide más días, que rinde de forma irregular, no necesariamente está fallando en su compromiso. Puede estar atravesando un proceso biológico real, sin que nadie en su entorno laboral tenga el marco para nombrarlo.
El 93,5% de las trabajadoras de 45 a 58 años tiene al menos un síntoma de la menopausia, y el 60,4% convive con siete o más. La mayoría sigue yendo a trabajar: el 82% nunca se ha ausentado por ello. Pero más de la mitad ha pensado en dejar su puesto. Y solo el 5% de las empresas en España tiene alguna medida específica para esta etapa (EADA Business School, 2025).
Esa distancia entre el 93,5% y el 5% no es un problema de salud individual. Es una brecha de gestión.
Las empresas que lo entienden no necesitan grandes reestructuraciones — necesitan información rigurosa bien traducida, y criterios claros para diseñar apoyo real: flexibilidad puntual, formación a mandos intermedios, y programas que aborden la causa, no solo el síntoma del absentismo.
Si lideras un área de Personas, Talento o Bienestar, la pregunta no es si esto está pasando en tu organización. Es si alguien lo está midiendo.
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